1 ene. 2017

42.195 cachitos de mi vida.

Si ontológicamente formamos parte de un mundo sensible, nuestra extensión y corporeidad queda sujeta a cambio y variabilidad. Y si ser, es existir en un tiempo y momento concreto, nada permanece sino que todo tiene un principio y  fin. Aceptarlo estoicamente es lo mejor que podemos hacer para continuar felices en el devenir del tiempo que nos toca vivir, sin perder la esencia de lo que uno es.

Es curioso.

En el 2004, unos meses antes de que naciese la niña de mis ojos, (antiguamente el maratón de Valencia era en el mes de febrero) un ser venido a atleta en aquel momento cruzaba la línea de llegada en el antiguo Estadio del Turia, dando tumbos y sujeto por varios ayudantes de meta mientras le conducían rápidamente a las asistencias médicas para recuperar aquel cuerpo que no se sabía si cumplía las propiedades de la materia sensible, ya que apenas se sostenía en pie.

Dicen que uno no se hace maratoniano hasta que no se ha topado al menos alguna vez en su vida con "el tío del mazo". Aquella persona, prometió volver algún día a Valencia para resarcirse de aquella intrepidez de ser sensible para disfrutar compitiendo un maratón con letras mayúsculas como es el Maratón de Valencia, este año Maratón de Oro, distinción IAAF.

De esta historia ya han pasado muchos años y muchos maratones en las piernas de uno. Pero Valencia nunca desapareció de los pensamientos. Esa platónica idea siempre estuvo ahí, alejada del mundo sensible como idea de maratón perfecto en el otro mundo ontológico del ser.

Y volví. 

Y conmigo la que me vió entrar en aquella ocasión dando tumbos con una enorme barriga, esta vez para acompañarme compartiendo la misma loca pasión: correr. Y con nosotros Antonio, mi querido amigo Antonio, compañero de tantas penurias, sufrimientos, charlas y conversaciones de rodajes infinitos.






Sigue siendo curioso.

El Maratón de Valencia siempre quedará como el último maratón de rendimiento en mi vida deportiva personal, (¡quién me lo iba a decir a mi, tantas veces guardado en los pensamientos!) porque ha llegado el momento de disfrutar de la carrera a pie a otro nivel.

Y así, me imaginé que estaba en el cajón de salida del diez mil de Aranjuez, tras calentar en solitario por los aledaños del paseo. Y pasé por las solitarias calles de la media maratón del barrio de Fuencarral. Y me fuí al kilómetro diez. Me fuí saboreando las zancadas de Raimundo Fernández Villaverde en el maratón de Madrid, y la humedad del ambiente en el segundo paso por el circuito del maratón de los Pacos en Fuengirola.

Recorrí las solitarias calles de la media de Coslada hacia los quince mil metros. Y pasé por la media maratón de Madrid, (antiguos 20 kilómetros de Adidas). Y sentí la eterna avenida de las Palmeras del Maratón de Sevilla y la torre Agbar de Barcelona. Y la soledad del paso por la carretera de la Virgen de Alarcos, del Paseo Marítimo de Palma y de la vuelta de Miguelturra en el maratón de Ciudad Real 

Y sentí el frío helado en mis huesos del maratón de Badajoz, la emoción del paso por el Arco de Triunfo de Barcelona, la Puerta del Sol en Madrid, o la entrada al Estadio de La Cartuja.

Y así continué sorbiendo y saboreando hasta el último sorbo de lo que ha sido la pasión de mi vida, el maratón.

Y lloré al entrar en meta en la Ciudad de las Artes del maratón de Valencia 2016.


















11 jul. 2016

Sinfonía para los sentidos.

"La fuerza y el incremento de una pasión cualquiera, así como su perseverancia en la existencia, no se definen por la potencia con que nosotros nos esforzamos por perseverar en existir, sino por la potencia de la causa exterior, comparada con la nuestra".

Spinoza, Ética, Parte 4, Proposición V. Madrid, Editora Nacional, 1980



No hay más palabras, ya las dijo Baruch en 1662. 
Ahora disfruta de esta sinfonía en la naturaleza para los sentidos.......


7 jul. 2016

"Vertical Trail La Sarga", un fantástico recuerdo emocional.

Reconozco que tras aquella primera vez que recorrí los preciosos parajes de la Sierra del Segura en la Ultra por etapas de la QTRS quedé prendado de la belleza de estos montes. 

Una vez recuperado mi Aquiles de las secuelas del maratón de Sevilla, la cita con las montañas estaba claro que iba a ser en la "Vertical Trail La Sarga" que este año era Campeonato de Castilla La Mancha de Kilómetro Vertical y en la cual decidí inscribirme en las dos modalidades: el Vertical del sábado; y en el Trail del domingo que es la prueba donde me siento más cómodo. 

En lo deportivo, solo decir que volví más que contento por poder competir de nuevo al más alto nivel, aunque mi cuarto puesto en las dos pruebas me dejó un más que agridulce sabor de boca. Sabía que la crono-escalada del kilómetro vertical tenía que correrla a tope puesto que al no ser mi especialidad, los grandes me acabarían "mojando" la oreja. Pero en el Trail del domingo las posibilidades estaban abiertas, solo había que ser listo y estudiar un poco a los rivales más directos. En la larga distancia es donde mejor me muevo a la hora de tomar decisiones según van pasando los kilómetros cuando el cansancio empieza a hacer mella. Finalmente, en esta última prueba, obtuve otro cuarto puesto como en el día anterior, que si lo hago mas aposta no me sale tan bien. 

Al margen de la competición he de reconocer que la vuelta a estos preciosos lugares me cargaron las pilas a “tope power”, (como bien dice mi niña) por la inyección de buen rollo en la convivencia entre buenos y grandes amigos de las montañas. Con algunos de ellos volví a juntarme de nuevo después de algunos años sin vernos y con los nuevos he acabado forjando férreas y buenas amistades. 
Es increíble como Moíses, ("Moi" para los amigos de la montaña junto a un equipo sensacional de gente) es capaz de hacer que uno se sienta especial corriendo en la montaña, además de tener la habilidad y el don de organizar un evento de la talla de los más grandes, donde pillar una inscripción con muchos meses de antelación y a coj.....de pato, cuesta un mundo.
Lo bueno de este sensacional equipo de trabajo es que hacen fácil lo díficil y son capaces de establecer como nadie, un hilo emocional increíble de bienestar, paz y convivencia entre todos aquellos corredores que llegan para vivir, aprender y compartir vivencias con, y en las montañas. En mi caso particular, ese vínculo tan especial quedó sellado en los días en que conviví junto a muchos otros corredores que aman las montañas en el “village” que Moi, (¡cómo no!) montó para llevar a cabo la QTRS del año 2013. 

Friedrich Schelling fue un gran filósofo de principios del XIX. Para Schelling la naturaleza goza de independencia y autonomía y tiene una infinita capacidad de rejuvenecimiento. Él pensaba que cuando una fuerza domina en un sentido siempre hay otra que, opuesta, contrarresta su sentido contribuyendo así al equilibrio. 

 Allí, en Villaverde de Guadalimar, Marisa y yo pudimos comprobar que gran pensador fue Schelling.  


Ya sabes, si quieres ver algunas fotos solo tienes que hacer click en la imagen.